La presión social para dejar de usar la mascarilla ha comenzado a aparecer en espacios públicos y en algunos casos se manifiesta en forma de agresión a quienes la llevan puesta.
La séptima ola en Ontario podría haberse prevenido si se hubieran seguido las recomendaciones científicas y la cuarta dosis se hubiera ofrecido sin restricciones desde mayo pasado.